jueves, 2 de diciembre de 2010

HARTLEY ACUMULANDO CÚMULOS





El espacio alrededor del núcleo del cometa refulge mediante trozos de hielo y de nieve, algunos de ellos posiblemente son más grandes que una pelota de baloncesto.

"No habíamos visto antes nada como esto", dice el profesor Mike A'Hearn, investigador principal de la misión EPOXI del proyecto Deep Impact, en la Universidad de Maryland. "Realmente nos tomó por sorpresa".

Antes del sobrevuelo de Hartley 2, naves espaciales internacionales visitaron otros cuatro núcleos de cometas: Halley, Borrelly, Wild 2 y Tempel 1. Ninguno de ellos estaba envuelto por "nieve de cometa". Es particularmente interesante el caso del cometa Tempel 1, porque la propia sonda Deep Impact realizó el sobrevuelo. Utilizó las mismas cámaras de alta resolución y alto rango dinámico que grabaron los trozos de nieve que se arremolinaban en torno a Hartley 2, pero no detectó nada similar en Tempel 1.

"Esto es, genuinamente, un nuevo fenómeno", dice Jessica Sunshine, de la Universidad de Maryland, quien es miembro del equipo científico. "El cometa Hartley 2 no es como otros cometas que hemos visitado antes".

La "tormenta de nieve" ocupa un volumen casi esférico, centrado en el núcleo giratorio de Hartley 2. El núcleo, con forma de pesa de gimnasio, mide apenas 2 kilómetros de un extremo a otro, pero es pequeño comparado con el enjambre de partículas que lo rodea. "La nube de hielo mide unas cuantas decenas de kilómetros de ancho —y posiblemente sea mucho más grande que eso", dice A'Hearn. "Aún no sabemos con seguridad cuán grande es".
Los datos recolectados por el espectrógrafo infrarrojo, localizado a bordo de la sonda Deep Impact, muestran sin dejar dudas que las partículas están hechas de H2O congelado, es decir, de hielo común. Los trozos están formados por granos de hielo que miden micras y que se encuentran pegados unos con otros de forma poco firme, dando lugar a cúmulos que miden desde unos cuantos centímetros hasta unos cuantos decímetros de ancho.

"Si sostuvieses uno de ellos en la palma de tu mano, lo aplastarías fácilmente", dice Sunshine. "Estas bolas de nieve cometarias son muy frágiles, similares en densidad y esponjosidad a la nieve de las altas montañas en la Tierra".

Pero incluso una bola de nieve esponjosa puede causar problemas, sin embargo, si te golpea a una velocidad de 12 km/s (27.000 millas por hora). A esa velocidad pasó la sonda Deep Impact junto al núcleo del cometa durante el sobrevuelo. Si uno de los trozos de hielo de Hartley 2 hubiese golpeado la nave, la hubiera dañado y la hubiese hecho alejarse dando tumbos, dejándola incapaz de apuntar sus antenas hacia la Tierra para transmitir datos o pedir ayuda. Los encargados del control de la misión posiblemente nunca hubiesen sabido qué sucedió.

"Afortunadamente, estábamos lejos de la zona de peligro", destaca A'Hearn. "La nube de nieve no parece extenderse hasta nuestra distancia de encuentro de 700 kilómetros. La luz solar sublima los trozos de hielo antes de que puedan alejarse demasiado del núcleo".

La fuente de la nieve del cometa podrían ser los mismos chorros estridentes que llamaron la atención en un principio.

El proceso comienza con hielo seco en la corteza del cometa. El hielo seco es CO2 en estado sólido, una de las sustancias más abundantes en el cometa Hartley 2. Cuando el calor del Sol alcanza un depósito de hielo seco, ¡puf!, instantáneamente se transforma y pasa de estado sólido a vapor, formando de este modo un chorro en cualquier punto donde la topografía sea capaz de colimar el gas que escapa a gran velocidad. Aparentemente, estos chorros de CO2 son los que llevan consigo trozos nevosos de hielo de agua.

Debido a que la nieve está impulsada por los chorros, "nieva desde abajo hacia arriba y no al revés", destaca Peter Schultz, de la Universidad de Brown, quien también es miembro del equipo de investigación.

Irónicamente, sobrevolar al cometa Hartley 2 podría ser incluso más peligroso que posarse sobre él. Los trozos de hielo salen desde la superficie del cometa a velocidades de apenas unos cuantos m/s (5 a 10 mph). Una sonda que iguale su velocidad con la del núcleo del cometa en preparación para posarse sobre él no estaría en peligro alguno con las bolas de nieve errantes; pero a la altísima velocidad del sobrevuelo la situación sería muy distinta. Esto es algo que quienes planeen futuras misiones a cometas activos como el Hartley 2 seguramente tomarán en cuenta.
Tomado de http://ciencia.nasa.gov/ciencias-especiales/18nov_cometsnowstorm/

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